Unidos Por Medio Oriente

El lugar secreto

Una de las oraciones más fuertes que Dios habló a mi vida cuando comencé a seguirlo se encuentra en Éxodo 33:18:

 “Moisés le dijo: Permíteme contemplar Tu gloria!”

Moisés ha sido uno de los personajes bíblicos que más me ha enseñado sobre intimidad con Dios. Él era un hombre que se guardaba en santidad y se apartaba del pecado para no contaminarse y así poder entrar en la perfecta presencia de Dios. Por la atrevida oración de Moisés, Dios le permitió contemplar Su gloria como ningún otro hombre en la tierra la había contemplado.

En Éxodo 34, Dios le dice a Moisés que se prepare para ser presentado ante Él y Moisés hizo lo siguiente: se levantó de madrugada, tomó dos tablas de piedra y subió al monte, solo.

Mientras todos dormían, Moisés se levanto muy temprano para encontrarse con el Señor, porque su anhelo de encontrarse con Él era más grande que cualquier otro deseo. Y a pesar de su edad y de que se despertó muy temprano, Él tomó dos tablas de piedra lo suficientemente grandes para que Dios escribiera Su ley y con ellas subió hasta la cumbre del monte. Moisés subió solo y permaneció ahí por 40 días y 40 noches, sin comer ni beber nada.

Muchas veces queremos buscar a Dios en nuestra comodidad, pero tener una relación íntima con Él requiere de nuestro tiempo, energía y persistencia. Necesitamos morir a nuestra carne, más allá de nuestros pecados y tentaciones. Sé que muchas de las veces que oramos parece que no sucede nada, pero no ver lo que Dios hace no significa que Él no lo hace. Somos Sus hijos, Él nos ama y nos escucha. Él ha prometido encontrarse con nosotros cuando lo buscamos de todo corazón.

Moisés fue uno de los hombres que marcaron la historia porque conocía a Dios cara a cara en la intimidad. Cristo nos ha dado Su Espíritu Santo que nos da el poder de cambiar al mundo, pero todo empieza cuando dejamos la comodidad y buscamos encontrarnos con Dios a solas. Cuando lo buscamos primero y sobre todas las cosas. Cuando permitimos que Él escriba Su voluntad en la tabla de nuestros corazones para ser transformados y para encontrar el sentido de nuestras vidas, pues nada cambiará nuestras vidas como el contemplar la gloria de Dios.

Escrito por: Dania Sabrina

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